El Superclásico argentino entre Boca Juniors y River Plate ha sido escenario de innumerables batallas épicas a lo largo de la historia. Sin embargo, hay un partido que permanece grabado en la memoria de los fanáticos xeneizes: el enfrentamiento del Campeonato de Primera División de 1928, donde Boca demostró su superioridad absoluta al imponerse con un contundente 6-0 sobre su eterno rival.
Una victoria inolvidable
Aún en tiempos de fútbol amateur, Boca Juniors no tuvo piedad con el River Plate, que ya se había mudado del barrio y había echado raíces en Alvear y Tagle. Desde los primeros minutos, quedó claro que los xeneizes estaban dispuestos a dejar una marca imborrable en la historia de los Superclásicos.
A los tres minutos de iniciado el encuentro, Domingo Tarasconi abrió el marcador con un magnífico gol, desatando la pasión de los hinchas azul y oro. Pero eso solo fue el comienzo de la tormenta que se avecinaba para el equipo millonario.
Un ataque arrollador
El equipo dirigido por Alberto Buccicardi continuó su ataque implacable y no tardó en aumentar la diferencia. Esteban Kuko también se hizo presente en el marcador con un doblete, dejando en evidencia la superioridad de Boca en todos los aspectos del juego. Roberto Cherro, otro de los ídolos de aquel equipo, no quiso quedarse atrás y selló su nombre en el resultado final.
La superioridad del Xeneize fue aún más evidente debido a la inferioridad numérica de River Plate. Antes de la media hora de juego, Jerónimo Uriarte y Alejandro Giglio chocaron sus cabezas, dejando al equipo millonario con solo nueve jugadores. Con la baja por lesión de Francisco Gondar, el equipo quedó con ocho futbolistas en el campo, lo que facilitó aún más la tarea de Boca Juniors.
Una humillación histórica
El estadio estallaba en júbilo con cada tanto que perforaba la red rival. El aliento de la hinchada era ensordecedor, un apoyo incondicional que impulsaba a nuestros jugadores a superar sus límites. La victoria se hacía cada vez más tangible, y el sueño de humillar a nuestro eterno rival se convertía en una realidad palpable.
El dominio abrumador de Boca Juniors sumergió a River Plate en una humillación sin precedentes. La paliza fue tal que el capitán millonario, Eduardo Forte, se vio obligado a pedir al árbitro que diera por finalizado el encuentro después del sexto gol, anotado por el talentoso Cabecita de Oro.
Este resultado quedó grabado en la memoria de los hinchas de Boca Juniors como una muestra contundente de su supremacía sobre su eterno rival. El 6-0 selló una jornada histórica, llena de emociones y goles inolvidables que aún hoy perduran en el corazón de los fanáticos xeneizes.
Como fanático apasionado de Boca Juniors, no puedo evitar rememorar una de las hazañas más memorables en la historia del fútbol argentino: el partido que marcó el inicio de una rivalidad legendaria. Aquel día, el 23 de diciembre de 1928, nuestro amado Boca dejó una huella imborrable en el corazón de cada hincha que todavía hoy nos llena de orgullo y emoción.
Boca Juniors 6-0 River Plate: La paliza histórica que selló la supremacía xeneize - 1928